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EL LEÑADOR Y HERMES.
(Esopo)

Varios leñadores trabajaban en el bosque. Uno de ellos sintió calor después de un rato de manejar sin descanso el hacha, y se acercó a un río que por allí cerca corría, a fin de refrescarse. Pero el hacha se le cayó al agua y se la llevó la corriente.
Sin ella, el pobre leñador no podría sostener su hogar. Fue tanta su desesperación que las lágrimas corrieron a mares por sus curtidas mejillas.
El dios Hermes lo vio y sintió compasión por el leñador. Se arrojó al río y volvió a aparecer trayendo un hacha de oro.
– “Lloras porque has perdido tu hacha” – le dijo – . “Pero yo la he encontrado. Aquí la tienes”.
Loco de alegría levantó el leñador los ojos, pero en seguida movió la cabeza tristemente.
– “No” – respondió- . “Esa no es mi hacha”.
Hermes volvió a arrojarse al agua. Esta vez regresó con un hacha de plata. Pero el leñador, desilusionado, volvió a repetir con igual firmeza:
– “No, ésa no es mi hacha”.
Por tercera vez se sumergió el dios Hermes en el río. A su regreso trajo entonces el hacha verdadera, la humilde hacha de madera del leñador.
No es fácil contar la alegría que sintió el buen hombre al verla, y con cuánta viveza agradeció a Hermes el habérsela hallado.
Entonces el dios, muy complacido por la honradez del leñador, quiso premiarlo y le regaló también el hacha de oro y el hacha de plata.
El leñador volvió junto a sus compañeros y les contó la maravillosa aventura que había tenido. Uno de ellos se sintió tentado de probar fortuna, y sin decir nada a los demás, se fue a la orilla del río y arrojó su hacha a las aguas.
Luego se sentó y se puso a llorar desconsoladamente.
No tardó en aparecer el dios Hermes.
Entonces el hombre le contó que su hacha se había caído al río. Hermes se arrojó a la corriente y trajo un hacha de oro.
-“¿Es esta tu hacha?” – le preguntó.
– “Oh, sí, sí!” – gritó entusiasmado el hombre-. “Esa es mi hacha!”-
-“Gracias por habérmela devuelto!”-
Pero Hermes, enfurecido al oír su avariciosa mentira, desapareció llevándose el hacha y sin devolverle la suya.
Con lo que el ambicioso se quedó sin nada, regresando al bosque, burlado y arrepentido.

Moraleja: El hombre honesto hallará más fácilmente recompensa a sus esfuerzos que el mentiroso y aprovechado.

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