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Mirarle de frente es… Como estar de pié frente al mar, e intentar no mojarse los piés, a la vez que tu mirada se zambulle inconsciente en sus aguas inquietas, y se deja arrastrar horizonte adentro en olas suaves, que la van absorbiendo… blandamente mecida en sus brazos de espuma y de sal, mientras te arrulla el sonoro silencio de esos brazos abiertos, en movimiento constante…  llamándote… llamándote incesantemente a colmar sus deseos infinitos por abarcarte toda, e inundarte en sus aguas, donde tú te resistes a sumegir, ni siquiera los piés, como si temieras profanar un Templo, si no te descalzas…

Mirarle es comprender, que no puedes permanecer vestida y continúar gozando del paisaje que te ofrece, sin ceder al impulso de desnudarte y mojarte, y entregarte  entera, desde los pies a la cabeza, y bucear en sus profundidades hasta quedarte sin aliento…

Yo lo he intentado muchas veces…

Pero no se puede… No se puede…

No se puede estar a las orillas de sus ojos sin perder tu norte, ni tu dirección… Ni el timón de tus pensamientos … Mirarle es cederle el timón de tu voluntad, y quitarle el gobierno a la razón.

Es un  todo, ó nada… Ó fuera, ó dentro…

Sus ojos tienen eso…

Despiertan el loco deseo de una entrega total; peligrosa, por poco razonable, y claramente incierta, en cuanto al destino hacia donde pueden llevarte sus brazos de plata mansamente…

Y a mí me encantan sus ojos, y lo que sus ojos me cuentan…

Me gusta perder la mirada en ellos…  Me gusta y a la vez  me atormenta … Son como mares cristalinos de oleajes suaves de nácar, palpitantes e inquietos, y cuajaditos de estrellas, que le prestan todas y cada una de las increibles tonalidades de marrones y ocres luminosos, que roban del cielo en  los tempranos atardeceres de invierno…

Así son sus ojos…

Sus ojos me reclaman en ese silencio profundo y pacífico, cuyos ecos infinitos me repiten su llamada mar adentro, y que no me permiten el gozo de pasear simplemente por sus playas de ensueño, sin mojarme ni permanecer con la mirada dentro y los piés en la arena, firmes y secos … Si le miras de frente… Te absorbe en su marea, y acabo sumergida con el cuerpo y la conciencia entre sus olas… Toda dentro… Suya toda…

Así de honda y poderosa es el mar de su mirada…

Ó fuera ó dentro… Te inunda de paz y te atormenta justo por eso…  Te despierta lo mismo la inconsciencia de la entrega, como el más conciente de los miedos… Miedo a dejar de ser dueña de mis pasos por donde quiera que vaya… Me gusta pasear  y elegir si mojarme ó seguir seca en mis paseos por la playa,  y por cuánto tiempo… Y llegar solo hasta donde a míme plazca… Y eso es imposible… Imposible no sumegirte de lleno, y simplemente pasear por las orillas de su mirada… por la arena templada de sus costas y sus calas…

¿Sabéis de qué os hablo? ¿Como explicarlo, si ni yo misma me lo explico? Se me enredan las palabras y hablo sin sentido, cuando hablo de sus ojos recreando mares prodigiosos en los míos…

Su mirada despliega las alas de todas las mariposas dormidas en mi ombligo, que  revuelan y alborotan en mi pecho y mi barriga, despertando como locas, fantasías y deseos en su loco recorrido,  desde los piés hasta la boca.

Y yo… me acerco un poco ora … y ora, un poco, me alejo… Y en mi pecho ahora, mi corazón se ha hecho caracola, donde resuena su mirada como un eco… Pronunciando mi nombre en vocativo imperante llamándome a su vera…  Llamándome… llamándome a la aventura de entregarme dócil y desnuda a esos mares de estrellas y esa aguas tan profundas.

Y como las olas voy y vengo… porque lo mismo me atrae, que me asusta… y él no se cansa de esperarme… en la quietud candente de su eterno movimiento… en toda su inmensidad, aguardando a recibirme siempre abierto… Y yo no me atrevo a irme, ni a quedarme nunca, batallando contra el deseo despierto siempre, de mirarle frente a frente…

Porque el mar del que os hablo tiene eso…

El mar de sus ojos marrones es…  poderoso y absorbente, y a mí me atrae con la misma fuerza que le temo… porque te envuelve, te empuja… te va absorbiendo, en sus brazos de espuma, mecida suavemente y siempre mar adentro… hasta ese punto incierto desde donde una sabe… que no es posible el regreso…

Lo he intentado varias veces… Pero yo no puedo… No puedo mirarle frente a frente… ni callar en mi pecho la llamada de sus ojos insistentes, invocándome a sus aguas…  como un eco…

Juguetona.

 

 

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