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Tendré que
sacudirme para ver si estoy viva.

Colgada de los horarios, sin ganas de
acudir a mis responsabilidades. Un pequeño conato de agobio al pensar en esas
tareas que elegí en su día, y la cadena que tanto me pesa. Me encamino como
quien se tiene que enfrentar a un destino que pusieron sobre sus hombros, sin
importar el peso ni la resistencia. Son tan pocas las sorpresas que suelo
encontrar, que me da la sensación que yo misma cerré el libro de la vida.

Es una neblina en el alma que hace flotar sin rumbo, que nubla los
reinos reales y fantásticos. Ya ni distingo la corteza de los árboles grises. La
música, parte de mi ser, no mueve un solo nervio, no impele, no me empuja como
siempre. ¿Habrá algo que me asiente en el suelo y abra los abismos para que
pueda ver?

Sakkarah

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