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Atreverse a vivir  
Despertar Alcanzar cualquier meta implica un riesgo. Existe una ley en este planeta que se asegura de que los resultados lleguen después de haber enfrentado ciertos riesgos, y no al contrario. La mayor parte de las personas iniciamos nuestra vida con una actitud muy saludable ante los riesgos. Los niños están siempre ansiosos de vivir aventuras. A los niños felices y saludables, igual que a los adultos felices y saludables, les encanta vivir nuevas experiencias y desarrollarse.

Por alguna razón, entre los dos y los veintiocho años de edad muchas personas sufren un dramático cambio de actitud. Les preocupa estar «seguras y a salvo». Pasan las noches pegadas al televisor, hechizadas por las hazañas de los superhéroes, en tanto que sus propias vidas degeneran en un desfile de años aburridos. Las personas que han convertido su afición en medio de vida no pierden mucho tiempo mirando la televisión. Vivir existencias ajenas no tiene ni comparación con vivir la propia.

La salsa de la vida está en desarrollar cosas nuevas, en forjar nuestra propia naturaleza. La búsqueda de seguridad sofoca nuestra fuerza de vivir. Al amar y preocuparnos por los demás, corremos riesgos. Atreverse a decir «te quiero», es arriesgado, pero la recompensa puede ser maravillosa. Ser diferente es un riesgo, pero por otra parte implica ser uno mismo. La Creación permanentemente nos invita a crecer, a escalar, a ser extraordinario.

El que no arriesga, no gana. Para ganar un dinero tenemos que correr el riesgo de perderlo, y ganan más los que más arriesgan. Los ganadores corren más riesgos que los perdedores. Por eso ganan tanto. Por el mismo hecho de arriesgarse más, los ganadores pierden más veces que los perdedores, pero gracias a que corren riesgos tan frecuentemente, sus victorias se van acumulando; y a los triunfadores se les recuerda por sus triunfos, no por sus derrotas. Tenemos una alternativa. Esta alternativa consiste en realmente vivir o simplemente existir. La vida es un riesgo. Así que trepémonos a las ramas para cosechar sus frutos

Nosotros tenemos que desarrollar la primera jugada. Mientras permanecemos al borde de las cosas, dudando si saltar o no, el Universo asume la actitud de que no estamos tomando las cosas en serio, y cuando nos comprometamos, recibiremos ayuda. En el momento en que decimos que vamos a hacerlo, cueste lo que cueste, de una u otra manera invocamos ese genio, poder y magia.

Todos los que logran algo en la vida han decidido hacerlo. La persona que acomete un gran reto es el que afirma que lo hará. Los que dicen que van a hacer su mejor esfuerzo, o van a ver si pueden, o van a hacer el intento, probablemente regresarán a casa antes de lo previsto. Necesitamos tomar las cosas en serio para obtener resultados.

Tienes que estar consciente si te has comprometido a algo, que los demás te pondrán a prueba. Los niños ponen a prueba a sus padres todo el tiempo, con la esperanza de no verlos caer. Todo el mundo busca a quién admirar y secretamente esperan que ellos se mantengan firmes en su compromiso.

Cuando nos comprometemos, con frecuencia el compromiso basta. Si estás dispuesto a realizar cualquier cosa que sea necesaria para lograr tu meta, generalmente no habrá necesidad de que la hagas. Pero si tus propósitos son tibios, probablemente serás probado hasta el límite de tu resistencia. Para lograr todo lo que se quiere, hay que hacer todo lo que se necesite.

Para ser felices necesitamos mantenernos ocupados. Desatender las cosas cuesta caro. La negligencia echa todo a perder. La única manera de que las cosas mejores es invirtiendo esfuerzo. Nuestra actitud hacia el esfuerzo es importante. El esfuerzo debe hacerse porque se desea; porque es nuestro privilegio y alegría aprender, probarnos nosotros mismos, ensayar y adquirir experiencias. El error que comete mucha gente es trabajar sólo por los resultados finales y no por el gusto de hacerlo. Entonces, si no obtienen los resultados deseados, se desilusionan.

Afanarnos en exceso por los resultados nos aparta del presente. Puede ocurrir que nos concentremos siempre en el futuro y no en lo que estamos haciendo. Este enfoque no nos permite gozar el momento presente. Al desligarnos de los resultados, podemos disfrutar lo que hacemos por el hecho mismo de hacerlo.

Trabajar porque nos gusta trabajar, eso es lo correcto. Los resultados siempre llegarán. Necesariamente tendrán que producirse. Es una ley. Sin embargo, si los resultados tardan en llegar o no llegan cuando tú lo esperas, no debes permitir que ello arruine tu semana o año. Los resultados siempre llegan.

Cuando nosotros cambiamos, las cosas cambian. Mucha gente vive con la esperanza de que las cosas mejoren. Quisieran que todo fuera más fácil y parecen esperar que algún día una varita mágica arreglará todo, ¡De ninguna manera! Las cosas mejoran cuando nosotros mejoramos. Las cosas cambian cuando nosotros cambiamos, nunca antes.

Lo que tenemos en la vida deriva de lo que somos. Si pones todo lo que está de tu parte en lo que haces, no evitarás los fracasos. Si te esfuerzas al máximo en cualquier cosa que realices, no evitarás las desilusiones. ¿Entonces para qué tomarse la molestia? Por respeto a ti mismo. Cuando tu filosofía personal sea que harás el máximo esfuerzo pase lo que pase, tendrás una elevada autoestima. Perder es doloroso, pero es más penoso cuando te das cuenta que no hiciste tu máximo esfuerzo.

Andrew Matthews

ábado, 04 septiembre a las 00:00:00 por Therex  

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